febrero 15 2018 0Comment

Nuevo año, nuevos proyectos

Cuando iniciando un nuevo año, las listas de deseos y propósitos nunca pueden faltar: perder peso, conseguir un mejor trabajo, hacer crecer nuestra empresa, mudarnos a una casa nueva. Iniciamos con la mejor disposición, las primeras semanas hacemos cambios en nuestra rutina diaria, nos sentimos muy enfocados y con mucha energía. Pero, conforme pasan los días, poco a poco perdemos el objetivo y regresamos a nuestra rutina anterior.
¿Por qué pasa esto? ¿Qué nos hizo falta?
Desde que éramos niños nos enseñaron a vivir en nuestra zona de confort, ¡a temerle a lo desconocido!, adoptamos situaciones en nuestra vida que a pesar de que sabemos que debemos cambiarlas ¡no lo hacemos! El problema es que quedarnos en la zona de confort nos limita a crecer y a alcanzar nuestras metas. Nos perdemos de disfrutar el éxito viviendo una vida rutinaria que en determinado momento nos deja de dar bienestar, llegando al final del año entendemos que pospusimos la mayoría de los propósitos que nos habíamos planteado al iniciar, propósitos que eran importantes y necesarios para nuestro crecimiento profesional o personal.
Perder el miedo a salir de nuestra zona de confort empieza desde adentro, es algo que debemos definir nosotros, es una decisión emocional, tenemos que aprender a cambiar nuestros pensamientos, ideas y sentimientos que no nos dejan crecer. Los límites los ponemos nosotros, mentalmente decidimos que no podemos hacerlo, además nos enfrentamos a algo inevitable: las costumbres, nos hemos arraigado a ellas por mucho tiempo y se convierten en barreras ante al cambio, son las excusas que justifican nuestra actuar. Me refiero a costumbres que no nos permiten crecer y que nos distraen de nuestra meta.
Una solución es convertir nuestros propósitos y metas en pequeños proyectos, los cuales, deben de tener fechas de inicio y fechas de conclusión, porque los proyectos son temporales y tenemos que buscar la forma de realizarlos. El secreto es definir fechas próximas que sean realistas, si el periodo es muy corto solo lograremos desilusionarnos, si el periodo es demasiado largo corremos el riesgo de nunca realizarlo, pero si elegimos el momento indicado conseguiremos lo que buscamos.
Hay un tiempo especificó para cada actividad, lo más importante es que seamos proactivos y que no permitamos que nuestros viejos hábitos nos eviten realizar cambios que sabemos deber realizarse.Tener un plan de acción es tan importante como definir el método de medición. Si queremos darnos cuenta del éxito o fracaso de un proyecto es importante medir periódicamente los alcances así podremos hacer cambios de estrategia durante su ejecución.
Pero hay que tener muy claro que nuestro proyecto tiene que depender de nosotros mismos, y no de los demás. Cuando definimos proyectos que dependen de otros, estamos poniendo fuera de nuestro control si se cumplen o no se cumplen. Los proyectos demasiado ambiciosos son fáciles de abandonar: hay que abarcar cosas que veamos que están a nuestro alcance. Igualmente, los proyectos demasiado fáciles no nos suponen salir de nuestra Zona de Confort, no nos aportan progresos tangibles.

 

Ponernos un montón de objetivos sólo por tener muchas cosas que hacer, si de verdad no están enfocados en conseguir algo que realmente nos apasiona, sólo servirá para tener una larga ristra de objetivos abandonados a lo largo del camino.El año comprende de 365 días, los cuales pueden ser tan productivos como nosotros lo definamos. No permitamos que acabe el año sin cumplir los propósitos planteados, no permitamos que el miedo no nos deje avanzar, recordemos que el éxito es proporcional al trabajo realizado y va de la mano del enfoque que tengamos. Tomando en cuenta que si ajustamos nuestra meta no significa que cambiamos de meta, simplemente cambiamos de estrategia.

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